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Una familia de familias
¡Cristo ha resucitado! PDF Imprimir E-mail

“La paz con vosotros… ¡No tengáis miedo!”

Este es el grito de la pascua. El Resucitado quita el miedo y da la paz.
Que necesario es hacer el encuentro con Cristo resucitado, nosotros, que nos sucede lo contrario que tenemos miedos que nos quitan la paz.

Frente a nuestros miedos que nos quitan la paz.

La pascua hace el proceso contrario: la paz que nos quita los miedos.

Esto implica dos actitudes ante la misma realidad. ¿Cómo afronto yo mi vida?

Desde mi punto de vista: aparecen los miedos, se va la paz.

Desde el punto de vista de Cristo: aparece la paz y se van los miedos.

Cuando los miedos me atrapan y no me dejan andar viene la tristeza y el desánimo. Entonces es que en mi vida Cristo está muerto todavía.

En cambio si tengo paz interior que me hace vencer los miedos y me deja andar, entonces viene la alegría, la ilusión y el ánimo. Entonces es que en mi vida Cristo está vivo.

 

 

1ª Meditación: La paz interior.

  1. La paz es uno de los mayores dones deseados en el Antiguo Testamento. Se promete al pueblo de Israel como recompensa a su fidelidad (Lv26, 6), y aparece como una obra de Dios. (Is26, 12). Así, se alaba a los pacíficos y se les promete prosperidad y gozo, pero el verdadero don de la paz vendrá a la tierra con la llegada del Mesías (Is11, 6-9). No será solo una paz externa, tal como la da el mundo, sino la paz mesiánica que trae la redención llevada a cabo por Jesucristo. El Evangelio es por esto la buena nueva de la paz (Hch10, 36), y quienes llevan la paz a los demás, los pacíficos, son llamados hijos de Dios (Mt5, 9).
  2. El Señor nos trae siempre con su presencia un mensaje de paz y de alegría. Fue llamado por los profetas “Príncipe de la Paz” (Is9, 6) y su nacimiento es un anuncio de paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Llamará felices, bienaventurados, dichosos, a los pacíficos, a los que son capaces de dar paz a su alrededor. Sus discípulos se han de presentar como portadores de la paz que predican en nombre del Señor; y quienes reciben su mensaje son llamados hijos de la paz. Después de la Resurrección se aparece a sus discípulos y, a pesar de que le abandonaron, no tendrá para ellos palabras de recriminación o de reproche, sino estas tan diferentes: “La paz sea con vosotros; soy yo, no temáis” (Lc24, 36).
  3. La presencia de Cristo en la vida en nuestra vida es fuente de una paz serena e inalterable. Aquí está la clave: Si no tengo a Cristo presente no puedo tener la paz. Junto al Señor nada nos hará perder la paz que Él nos ganó con su muerte y resurrección y, luego, nos la dejó en herencia. Junto a El comprendemos que su Voluntad influye en todas las circunstancias de la vida. Donde muchas personas, faltas de fe, solo saben ver la fatalidad o el destino, es cristiano descubre el cuidado paternal de Dios y se abandona activamente en Él. Frente a lo inesperado, quizá después de una primera reacción de desconcierto, el cristiano debe esforzarse en reconocer enseguida al Señor que se acerca y dice: Soy Yo, no tengas miedo. San Pablo aconseja a los primeros cristianos: “No os inquietéis por solicitud de cosa alguna… Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros sentidos en Jesucristo. (Flp4, 6-7)
  4. Esta paz del cristiano es interior. Es consecuencia de la humildad, de la filiación divina y de la lucha interior por vencer nuestras pasiones, por acercarnos al Señor. Se pierde la paz por el pecado y por la soberbia, que está en la raíz de todo pecado. También, por la impaciencia: cuando en las dificultades no se sabe ver la mano providente de Dios. La confesión sincera de nuestros pecados es uno de los medios puestos por Dios para recuperar la paz perdida por el pecado o por la falta de correspondencia a la gracia.

Citas de la Sagrada Escritura:

Jn14, 27: La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.

Lc10, 5: En cualquier casa en que entréis, decid primero: la paz sea con esta casa. Si hubiere allí un hijo de la paz, descanse sobre él vuestra paz; si no, se volverá a vosotros.

Flp4, 7: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Rom14, 17: Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz, y gozo en el Espíritu Santo.

Sal118, 165: Mucha paz tienen quienes aman tu ley; no hay para ellos tropiezo.

Heb12, 14: Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

1Cor1, 10: Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos habléis un mismo lenguaje y no haya entre vosotros cismas, antes seáis concordes en un mismo pensar y en un mismo sentir.

1Cor14, 33: Nuestro Dios no es Dios de inquietud, sino de paz.

2ª Meditación: ¡No tengáis miedo!

Textos de la Sagrada Escritura:

1.

Mt 10,26

“No tengáis, pues, miedo a la gente. Porque nada hay secreto que no llegue a descubrirse ni nada oculto que no llegue a conocerse.

2.

Mt 10,28

No tengáis miedo a quienes pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede destruir el cuerpo y el alma en el infierno.

3.

Mt 10,31

Así que no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

4.

Mt 14,27

Pero Jesús les habló, diciéndoles: – ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

5.

Mt 17,7

Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: –Levantaos, no tengáis miedo.

6.

Mt 28,10

Él les dijo: –No tengáis miedo. Id a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allí me verán.

7.

Mc 6,50

Porque todos le vieron y se asustaron. Pero él les habló en seguida, diciéndoles: –¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

8.

Lc 2,10

Pero el ángel les dijo: “No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos:

9.

Lc 12,7

En cuanto a vosotros mismos, hasta los cabellos de la cabeza los tenéis contados uno por uno. Así que no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

10.

Lc 12,32

“No tengáis miedo, pequeño rebaño, que el Padre, en su bondad, ha decidido daros el reino.

11.

Jn 6,20

Él les dijo: – ¡Soy yo, no tengáis miedo!

12.

Jn 14,27

“Os dejo la paz. Mi paz os doy, pero no como la dan los que son del mundo. No os angustiéis ni tengáis miedo.

13.

1 P 3,14

Pero incluso si por actuar con rectitud habéis de sufrir, ¡dichosos vosotros! No tengáis miedo a nadie ni os asustéis,

El miedo, o los miedos, son fruto de la desconfianza y de la falta de fe.

El que confía está seguro y, por tanto, no tiene miedo. Y la confianza va unida a la fe.

Ejemplo: los apóstoles en el cenáculo:

Tienen miedo por la situación.

Tienen miedo por la tristeza.

Tienen miedo por la falta de fe.

¿Por qué la Virgen María nunca aparece en los Evangelios teniendo miedo? Porque es la mujer del “hágase”. Es la mujer que se fía, que cree y por eso confía.

La paz, como hemos dicho es la que rompe mis miedos. La paz se alcanza con la Presencia de Dios. De ahí que si nos encontramos verdaderamente con Dios no tememos. Si tengo miedo es que todavía no he hecho esta experiencia.

Hay que distinguir el miedo del “Santo Temor”, de la admiración y de la sorpresa. Estos sí son signo de la presencia de Dios.

Cuando tengo miedo, me hundo, como San Pedro sobre las aguas. (Mt14, 22-33)

 
Ultima actualización:
Viernes, 04 Mayo 2012 - 11:33 (Esp)

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